INTRODUCCIÓN
La evolución, el proceso de cambio a lo largo del tiempo, es el hilo que conecta a la enorme diversidad
del mundo vivo. Una inmensa cantidad de evidencias indica que la Tierra ha tenido una larga historia y que todos los organismos vivos -incluido el ser humano-
surgieron en el curso de esa historia, a partir de formas anteriores más
primitivas. Esto implica que todas las especies descienden de otras especies;
en otras palabras, que todos los seres vivos comparten antecesores comunes en
el pasado distante. Así, los organismos son lo que son a raíz de su historia.
Una serie de evidencias llevaron a Darwin a concebir las ideas que
constituyen los pilares de la teoría evolutiva contemporánea.
El concepto de gen propuesto por Mendel -pero desconocido para Darwin-
permitió comprender de qué manera las variaciones podían originarse,
preservarse y transmitirse de una generación a la siguiente.
Uno de los problemas más relevantes que discuten los
biólogos evolutivos en la actualidad es si los procesos microevolutivos pueden dar cuenta
de los grandes cambios macroevolutivos que revela el registro fósil. El origen de las especies,
uno de los grandes tipos de cambios macroevolutivos, es, en la actualidad, un
tópico central para los biólogos evolutivos.
Existe una pregunta que han venido formulando los especialistas desde
finales del siglo XIX y que ha generado interesantes controversias: ¿Cómo
y cuándo comenzó la historia de la evolución humana?
Las características del comportamiento de un organismo -su sensibilidad
y sus patrones de respuesta a estímulos particulares- son producto de la selección natural, tanto como lo es
cualquiera de sus características morfológicas, fisiológicas o bioquímicas. El
estudio del comportamiento involucra a científicos de las más diversas
disciplinas.
La teoría de la evolución de Darwin se considera, con justicia, como el mayor principio unificador de
la biología. Darwin no fue el primero en proponer
una teoría de la evolución, pero fue el primero que describió un mecanismo
válido por el cual podría ocurrir. Su teoría difería de teorías previas en que él imaginaba a la
evolución como un proceso doble, que dependía: 1) de la existencia de
variaciones heredables entre los organismos, y 2) del proceso de selección
natural por el cual algunos organismos, en virtud de sus variaciones
heredables, dejaban más progenie que otros.
Existen numerosas evidencias que ponen de manifiesto la existencia del
proceso evolutivo. Distinguiendo el campo del que provienen, pueden reconocerse
cinco fuentes de evidencia: la observación directa, la biogeografía, el
registro fósil, el estudio de las homologías y la imperfección de la
adaptación.
Desde la época de Darwin, se ha acumulado una gran cantidad de nuevas
evidencias en todas estas categorías, particularmente en los niveles celular,
subcelular y molecular, que destacan la unidad histórica de todos los organismos
vivos. Una debilidad central de la teoría de Darwin, que permaneció sin
resolver durante muchos años, fue la ausencia de un mecanismo válido para
explicar la herencia.
En la década de 1930, el trabajo de muchos científicos se plasmó
en la Teoría Sintética de la evolución, que combina los principios de la genética mendeliana con la teoría
darwiniana. La Teoría Sintética ha proporcionado -y continúa proporcionando- el
fundamento del trabajo de los biólogos en sus intentos
por desentrañar los detalles de la historia de la vida.

Todas las especies de organismos tienen su origen en un
proceso de evolución biológica. Durante este proceso van surgiendo nuevas
especies a causa de una serie de cambios naturales. En los animales que se reproducen sexualmente,
incluido el ser humano, el término especie se refiere a
un grupo cuyos miembros adultos se aparean
de forma regular dando lugar a una descendencia fértil, es decir, vástagos que,
a su vez, son capaces de reproducirse. Los científicos clasifican cada especie
mediante un nombre científico único de dos términos.
El mecanismo del cambio evolutivo reside en los genes,
las unidades básicas hereditarias. Los genes determinan el desarrollo del cuerpo y de la conducta de un determinado organismo
durante su vida. La información contenida en los genes puede
variar y este proceso es conocido como mutación. La forma en que
determinados genes se expresan —cómo afectan al cuerpo o al comportamiento de
un organismo— también puede variar. Con el transcurso del tiempo, el cambio
genético puede modificar un aspecto principal de la vida de una especie como,
por ejemplo, su alimentación, su crecimiento o sus condiciones de habitabilidad.
Los cambios genéticos pueden mejorar la capacidad de los
organismos para sobrevivir, reproducirse y, en animales, criar a su
descendencia. Este proceso se denomina adaptación. Los progenitores transmiten
mutaciones genéticas adaptativas a su descendencia y finalmente estos cambios
se generalizan en una población —un grupo de organismos de la
misma especie que comparten un hábitat local particular. Existen
numerosos factores que pueden favorecer nuevas adaptaciones, pero los cambios
del entorno desempeñan a menudo un papel importante. Las antiguas especies de
homínidos se fueron adaptando a nuevos entornos a medida que sus genes iban
mutando, modificando así su anatomía (estructura corporal), fisiología (procesos físicos y químicos
tales como la digestión) y comportamiento. A lo largo de grandes periodos de
tiempo esta evolución fue modificando profundamente al ser humano y a su forma
de vida.
Los científicos estiman que la línea de los homínidos comenzó
a separarse de la de los simios africanos hace unos 10 o 5 millones de años.
Esta cifra se ha fijado comparando las diferencias entre el mapa genético
del género humano y el de los simios, y
calculando a continuación el tiempo probable que pudieron tardar en
desarrollarse estas diferencias. Utilizando técnicas similares y comparando las
variaciones genéticas entre las poblaciones humanas en todo el mundo, los
científicos han llegado a la conclusión de que los hombres tal vez compartieron
unos antepasados genéticos comunes que vivieron hace unos 290.000 - 130.000
años.
La teoría de
Darwin
Charles Darwin no fue el primero en proponer que
la diversidad de los organismos es el resultado de procesos históricos, -pero el
reconocimiento por la teoría de la evolución le pertenece por dos razones. En
primer lugar su "larga argumentación"' -como fue caracterizado El
Origen de las Especies- dejó poca duda acerca de que la evolución había
ocurrido en realidad y, de esta manera, marcó un punto de viraje en la ciencia de la biología. La segunda razón, que está íntimamente vinculada con la primera, es
que Darwin percibió el mecanismo general en virtud del cual se produce la
evolución.
El concepto original de Darwin y de Wallace
acerca de cómo ocurre la evolución todavía sigue proporcionando el marco básico
para nuestra comprensión del proceso. Ese concepto se funda en cinco
premisas:
a. Los organismos engendran organismos similares; en otras palabras, hay
estabilidad en el proceso de la reproducción.
b. En la mayoría de las especies, el número de individuos que sobreviven
y se reproducen en cada generación es pequeño en comparación con el número
total producido inicialmente.
c. En cualquier población dada ocurren variaciones
aleatorias entre los organismos individuales, algunas de las cuales son
hereditarias, es decir, que no son producidas por el ambiente.
d. La interacción entre estas variaciones
hereditarias, surgidas al azar, y las características del ambiente determinan
en grado significativo cuáles son los individuos que sobrevivirán y se
reproducirán y cuáles no. Algunas variaciones permiten que los individuos
produzcan más descendencia que otros. Darwin llamó a estas características
variaciones "favorables" y propuso que las variaciones favorables
heredadas tienden a hacerse cada vez más comunes de una generación a otra. Este
es el proceso al que Darwin llamó selección natural.
e. Dado un tiempo suficiente, la selección natural
lleva a la acumulación de cambios que provocan diferencias entre grupos de organismos.
Corrientes y Autores Ideas y Acontecimientos
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Creacionismo y fijismo
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Primeras ideas transformistas
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Épocas de la Tierra (1779) e Historia natural (1749-1789),
Georges Buffon
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Buffon establece una escala de tiempos geológicos.
Desarrolla la idea de la transformación progresiva de los seres vivos.
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Lamarckismo
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Filosofía zoológica (1809) e Historia de los animales
invertebrados (1815-1822), Jean-Baptiste de Lamarck
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Lamarck es autor de una de las primeras teorías de la evolución. Considera
que las formas de vida complejas proceden de formas simples; las especies,
bajo la influencia del medio, se transforman en nuevas especies.
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Darwinismo
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El origen de las especies por medio de la selección natural (1859),
Charles Darwin
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Darwin explica el fenómeno de la evolución por un mecanismo de
mutaciones aleatorias sucesivas. Los individuos sufren a continuación la
selección natural: los mejor adaptados sobreviven y se reproducen y los otros
desaparecen.
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Mutacionismo
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1900
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Neodarwinismo
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1920-1950: nace la principal corriente de los conceptos evolucionistas
actuales, la teoría sintética de la evolución o neodarwinismo
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El desarrollo de la genética (en particular de la genética
de poblaciones con J. Haldane, E. Mayr, R. Fisher, S. Wright y T.
Dobzhansky), la biogeografía y la paleontología aportan base experimental a
la teoría de Darwin. La genética de poblaciones demuestra que la evolución es
consecuencia de la modificación de las frecuencias genéticas en el seno de
una población.
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Corrientes minoritarias
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Las teorías de Hugo de Vries están en el origen del modelo de los equilibrios puntuales
y, en parte, del modelo neutralista
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Década de 1970: neutralismo
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Según Kimura, ciertas mutaciones no aportan a la especie ventajas ni
inconvenientes, de manera que la mayor parte de los cambios genéticos serían neutros.
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Década de 1970: modelo de los equilibrios puntuales o saltacionismo
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S. J. Gould y N. Eldredge proponen el modelo de los equilibrios
puntuales (puntualismo o saltacionismo), según el cual la evolución no sería
gradual y progresiva, sino producto de perturbaciones bruscas que puntúan
prolongados periodos de equilibrio.
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La formulación de la teoría evolutiva se sustentó en un gran número
de datos, a los que se han sumado
posteriormente numerosas evidencias que ponen de manifiesto la
evolución histórica de la vida. Podemos clasificar estas evidencias
distinguiendo las cinco principales fuentes de las que provienen: la observación directa, el estudio de la
biogeografía, el registro fósil, el estudio de las
homologías y la imperfección de la adaptación.
La observación directa permite apreciar, en algunos casos, la acción de la selección causada por las
presiones de la civilización humana sobre otros organismos. Estos casos
representan el cambio en pequeña escala que ocurre
dentro de las poblaciones (microevolución). Entre los ejemplos modernos de
selección natural, que actúa sobre variaciones aleatorias, se encuentra el
aumento en la frecuencia de una variante negra de Biston betularia en áreas
industriales, el incremento de las bacterias resistentes a antibióticos, los
múltiples logros de la selección artificial y la constatación de las
variaciones existentes entre poblaciones naturales pertenecientes a una misma
especie.
En el método para detectar y aislar bacterias
resistentes a las drogas. a) Las bacterias son cultivadas en un
caldo que contiene nutrientes. b) Se esparce una muestra de la suspensión celular sobre la
superficie de una placa de Petri que contiene un caldo nutritivo solidificado
con agar. c) Se incuba la placa hasta que se visualizan las colonias
individuales. d) Se utiliza un trozo de paño aterciopelado, ajustado alrededor
de un bloque cilíndrico, para transferir una muestra de las colonias a otra
placa de Petri que contiene un medio sólido con el antibiótico penicilina y que
constituirá una réplica de la original. e) Sólo las bacterias resistentes a la
penicilina crecerán en la placa que contiene el antibiótico.
Los ejemplos mencionados apoyan la propuesta de Darwin de la selección
natural como principal mecanismo del cambio evolutivo. Sin embargo, si bien ilustran
significativamente el cambio que ocurre dentro de las poblaciones, no
constituyen por sí mismos evidencias del cambio evolutivo que ocurre por encima
del nivel de las especies (macroevolución).
Las evidencias del cambio evolutivo a gran escala provienen de otras
fuentes:
Los datos provenientes de la biogeografía evidencian qué tipos
particulares de organismos se encuentran en áreas geográficas específicas, pero
no en otras áreas de clima y topografía similares. Las observaciones de
Darwin acerca de la distribución geográfica y una multitud de
otros ejemplos biogeográficos constituyen una fuerte evidencia de que los seres
vivos son lo que son y están donde están a causa de los acontecimientos
ocurridos en el curso de su historia previa.
Otra línea de evidencias que ponen de manifiesto la ocurrencia de la
macroevolución es la proporcionada por el registro fósil, que muestra que los
organismos tienen una larga historia y que han cambiado en el curso del tiempo.
El registro fósil revela una sucesión de patrones morfológicos en la que las
formas más simples generalmente preceden a las más complejas. Los estudios
geológicos y la recolección de especímenes vegetales y animales formaban parte
de las actividades de Darwin durante el viaje del Beagle. Las costas de
Sudamérica eran de interés particular, porque mostraban
evidencias de extensos cataclismos con muchos estratos geológicos expuestos.
Otra prueba importante de la evolución a gran escala que se desprende
del análisis del registro fósil está dada por
la secuencia de aparición de ciertos grupos de organismos que permite deducir
un orden evolutivo para esos grupos: primero peces, luego anfibios, luego reptiles y
finalmente aves y mamíferos.
Una línea de evidencias adicional del proceso evolutivo proviene del
estudio comparativo de las denominadas estructuras homólogas y de las vías bioquímicas.
Las homologías entre las estructuras, los patrones de desarrollo y la
unidad bioquímica de organismos diversos denotan
una ascendencia común. Las similitudes que expresan homologías son poco
explicables en términos de su funcionalidad. La pata del caballo, el ala del
murciélago, las aletas de una ballena están constituidas sobre la base de un
mismo patrón, que incluye los mismos huesos en posiciones relativas
similares. Los miembros con cinco dedos son homólogos en la medida que
constituyen una similitud entre especies, que no está justificada
funcionalmente. Para los naturalistas predarwinianos, ésta era una evidencia de
la existencia de un "plan de la naturaleza", en un sentido místico. Para los
biólogos evolucionistas, es la evidencia del origen común de estos grupos, a
partir de un antecesor común que tenía cinco dedos. Si las especies hubieran
sido creadas separadamente, sería imposible interpretar esta coincidencia.
Finalmente, una última línea de evidencia proviene de los estudios sobre
la adaptación, también llamada la "imperfección" de la adaptación. En
el curso de su carrera como naturalista, Darwin acumuló una enorme cantidad
de información sobre los organismos vivos. Sobre
la base de este vasto conocimiento, Darwin sabía que no todas las
adaptaciones -"dispositivos"- son perfectas. Las adaptaciones
simplemente son tan buenas como pueden serlo. Lejos de ser una dificultad para
los evolucionistas, según lo muestra un análisis cuidadoso, la imperfección de
muchas adaptaciones constituye una quinta línea de fuerte evidencia en apoyo de
la evolución.
Darwin encontró numerosos ejemplos en los que comprobó que la evolución,
muy lejos de operar como un delicado ingeniero que diseña y construye a cada
especie a partir de un plan preconcebido y de materiales óptimos, se parecería más a un
zapatero remendón que pone parches sobre diseños preexistentes. Las
adaptaciones proveen evidencia no sólo de que en las poblaciones ocurren
cambios graduales a lo largo del tiempo en respuesta a fuerzas selectivas del
ambiente, sino también de que muchas de ellas distan de ser perfectas como
consecuencia de las restricciones dadas por la historia evolutiva del grupo.
Desde la época de Darwin se ha acumulado un gran número de evidencias
adicionales que sustentan la realidad de la evolución que ponen de manifiesto
que todos los organismos vivos que existen hoy sobre la Tierra se han establecido a partir de
formas más antiguas, en el curso de la larga historia del planeta. En verdad,
toda la biología moderna es una confirmación del parentesco existente entre las
numerosas especies de seres vivos y de la diferenciación y diversificación
ocurrida entre ellas durante el curso del tiempo. Desde la publicación de El
Origen de las Especies, el interrogante importante acerca de la evolución, ya
no ha sido si ella ocurrió o no. Esto no constituye actualmente un tema de
disputa para la abrumadora mayoría de los biólogos. Los interrogantes
principales, y aun fascinantes, para los biólogos conciernen a los mecanismos
por los cuales ocurre la evolución.
Una de las principales debilidades de la teoría de la evolución, según
fuera formulada por Darwin, era la ausencia de un mecanismo válido para
explicar la herencia.
El desarrollo posterior de la genética permitió dar respuesta a tres
cuestiones que Darwin nunca pudo resolver: 1) ¿de qué manera se transmiten las
características heredadas de una generación a la siguiente?; 2) ¿por qué las
características heredadas no se "mezclan", sino que pueden
desaparecer y luego reaparecer en generaciones posteriores y 3) ¿de qué manera
se originan las variaciones sobre las cuales actúa la selección natural?
La combinación de la teoría de la evolución de Darwin con los principios de la genética mendeliana se
conoce como la síntesis neodarwiniana o la Teoría
Sintética de la evolución. Algunos aspectos de la Teoría Sintética
recientemente han sido puestos en tela de juicio, en parte como resultado de
nuevos avances en el conocimiento de los mecanismos genéticos producidos por
los rápidos progresos en biología molecular y, en parte, como resultado de
nuevas evaluaciones del registro fósil. Las controversias actuales, que se
refieren principalmente al ritmo y a los mecanismos del cambio macroevolutivo y
al papel desempeñado por el azar en la determinación de la dirección de la evolución, no afectan a los
principios básicos de la Teoría Sintética. Sin embargo, prometen
proporcionarnos una comprensión mayor que la actual acerca de los mecanismos
por los cuales ocurre la evolución.
Los primeros mamíferos se originaron a partir de un grupo de reptiles
primitivos hace aproximadamente 200 millones de años y coexistieron con
los dinosaurios durante 130 millones de años. La
extinción de los dinosaurios fue seguida por una rápida radiación adaptativa de los mamíferos. La
evolución de los primates comenzó cuando un grupo de pequeños mamíferos,
semejantes a las musarañas, trepó a los árboles. La mayoría de las tendencias en la
evolución de los primates parecen estar relacionadas con adaptaciones a la vida
arbórea.
Los dos grupos principales de primates vivientes son los prosimios
(loris, galagos, lémures y tarseros) y los antropoides (monos del Viejo Mundo,
monos del Nuevo Mundo y hominoides). El análisis presentado hasta el momento
sugiere que los gibones, orangutanes, gorilas y chimpancés constituyen nuestros
parientes vivos más cercanos.
Los primeros miembros del grupo de los homínidos, los australopitecinos,
se originaron hace más de 4,2 millones de años. Eran pequeños, tenían cráneos
simiescos y caminaban erectos. Las especies descriptas hasta el presente
incluyen a A. anamensis y A. afarensis, que constituyen el tronco ancestral, y
dos linajes divergentes: australopitecinos gráciles -como A. Africanus- y
robustos -como A. robustus, A. boisei y A. Aethiopicus-. Los australopitecinos
robustos han sido actualmente asignados al género Paranthropus.
El origen de los humanos anatómicamente modernos está en discusión. Se
proponen dos modelos: el modelo del candelabro y el modelo
de Arca de Noé. La mayor parte de las evidencias, que incluyen el análisis genético,
sugieren que los humanos modernos evolucionaron a partir de una población
africana que migró hace aproximadamente 100 mil años y que, a medida que se
expandía, fue reemplazando a las poblaciones europeas y asiáticas del género
Homo establecidas previamente.
Los primates son un orden de mamíferos que se adaptaron a la vida
arborícola. Las principales tendencias en su evolución parecen estar
relacionadas con diversas adaptaciones a este tipo de vida.
Entre las muchas adaptaciones de los primates se encuentran la mano y el
brazo. Los primeros mamíferos cuadrúpedos tenían cinco dígitos separados en
cada mano y en cada pie. En el curso de la evolución, diferentes presiones
selectivas fueron favoreciendo una mayor eficiencia para correr, excavar y capturar
la presa y llevaron al desarrollo de pezuñas y garras en la mayoría de los
mamíferos y, en algunos casos, uñas. También surgieron aletas natatorias en
lugar de los miembros. Los primates modernos, con pocas excepciones, tienen un
pulgar divergente, que puede ser oponible al dedo índice y que incrementa la
facultad de asir y la destreza manual. En el curso del desarrollo del
linaje, se observa entre los primates una tendencia evolutiva hacia una
capacidad de manipulación más delicada. Entre los mamíferos, los primates
pueden torcer el hueso radio por encima del cúbito, lo que les
confiere gran flexibilidad, a diferencia de los mamíferos y reptiles
primitivos.
Algunas manos de primate.
Las manos del tarsero (un prosimio) tienen grandes almohadillas
epidérmicas adhe-sivas con las que puede asirse de las ramas. En el orangután,
los dedos son alargados y el pulgar es reducido. Esto le permite columpiarse en
forma eficiente de una a otra rama asiéndolas con la mano, lo que se denomina
braquiación. La mano del gorila, que utiliza para caminar y para manipular,
tiene dedos cortos. El pulgar humano es proporcionalmente grande con respecto
al de los otros primates y la oposición del pulgar con respecto a los otros
dedos, de la que depende la habilidad manual, es superior en los humanos.
Otro resultado de las presiones selectivas en el hábitat arbóreo es el incremento de la
agudeza visual, con la consiguiente reducción de la prevalencia en la función del olfato, que es el más
importante de los sentidos en la mayor parte de los otros
grupos de mamíferos. En casi todos los primates, las retinas tienen conos y
bastones; los conos están vinculados con la visión de los colores y con la discriminación visual fina. La mayoría de los
primates también tienen retinas con fóvea que permiten un enfoque fino y conos
para la visión de los colores.
Otra tendencia principal en la evolución de los primates es el
incremento del cuidado de las crías. Dado que los mamíferos, por definición,
amamantan a su cría, las relaciones materno-filiales son generalmente más
prolongadas y más fuertes que en otros vertebrados (con excepción, en algunos
casos, de las aves). En los primates de mayor tamaño, las crías maduran lentamente
y atraviesan por largos períodos de dependencia y aprendizaje.
Otra adaptación a la vida arbórea es la capacidad de adoptar una postura
erecta. Aun los primates cuadrúpedos, como los monos, pueden sentarse erguidos.
Una consecuencia de esta postura es el cambio en la orientación de la cabeza,
que permite al animal mirar directamente hacia adelante mientras se mantiene en
una posición vertical. Esta característica, por sobre todas las demás, es la
que hace que nuestros parientes primates nos parezcan tan "humanos".
La postura vertical fue una característica importante sobre la que
posteriormente se sustentó la evolución de la posición erecta, característica
de los humanos modernos.
Generalmente se divide a los primates en dos grupos principales: los
prosimios, que incluyen a los loris, galagos, tarseros y lémures, y los
antropoides o primates superiores (que incluyen a los monos, antropomorfos y
humanos.
Los prosimios modernos son mayormente animales arborícolas de tamaño
pequeño a mediano y de hábitos nocturnos. En general, se alimentan de insectos
o combinaciones de hojas, frutos y flores. Entre los antropoides, los monos son
generalmente más grandes que los prosimios, tienen cráneos más redondeados y,
en general, se los considera más inteligentes, aunque ésta es una cualidad
difícil de medir. Todos los monos tienen visión estereoscópica completa y son
capaces de discriminar los colores y todas las especies tienen hábitos diurnos.
Las hembras muestran cuidado parental y los machos pueden desempeñar funciones de protección del grupo.
Los monos aparecieron, probablemente, como una ramificación del tronco
prosimio, durante la época Eocena. Comprenden a los monos del Nuevo Mundo -los
Platirrinos - y a los monos del Viejo Mundo -los Catarrinos -. Los Platirrinos
evolucionaron en Sudamérica y los Catarrinos en África, durante el período Oligoceno.
Los antropomorfos, junto con los humanos (Homo sapiens) conforman el
grupo de los hominoides y son parientes de los monos del Viejo Mundo. Los
hominoides y los monos del Viejo Mundo se encuentran dentro del grupo de los
Catarrinos.
Los antropomorfos actuales comprenden cuatro géneros: Hylobates
(gibones), Pongo (orangutanes), Pan (chimpancés) y Gorilla (gorilas). Los
antropomorfos, con excepción de los gibones, son de mayor tamaño que los monos
y, si se compara el volumen del cerebro con el tamaño corporal, el cerebro
es también más grande. Todos los antropomorfos son capaces de suspender sus
cuerpos de las ramas cuando están en los árboles aunque, entre los
antropomorfos actuales, solamente los gibones se mueven principalmente por
braquiación, es decir, balanceándose sostenidos de un brazo y luego del otro,
con el cuerpo en posición vertical. Se cree que la suspensión vertical ha
desempeñado un papel importante en la transición ocurrida desde estructuras
corporales asociadas con la posición horizontal característica de los monos del
Viejo Mundo y de algunos primates inferiores, hasta la estructura corporal que llevó finalmente a
nuestra posición erecta. Los antropomorfos tienen brazos relativamente largos y
piernas cortas y descansan el peso de la parte frontal de sus cuerpos en sus
nudillos. Como resultado de esto, aun cuando se encuentren en cuatro patas, sus
cuerpos se mantienen parcialmente erectos. Los gibones, orangutanes, gorilas y
chimpancés parecen constituir nuestros parientes vivos más cercanos. La gran
cantidad de homologías existentes entre estos simios y nuestra especie pone de
manifiesto que hemos compartido con ellos un antepasado común más reciente que
con ningún otro grupo de primates actuales.
Un árbol filogenético tentativo de los
primates.
Tradicionalmente, hasta la década de 1980, los humanos eran situados en
una familia diferente a la de los orangutanes,
gorilas y chimpancés. En las actuales clasificaciones -basadas en recientes
análisis de numerosos datos morfológicos, cromosómicos y moleculares- humanos,
chimpancés, gorilas y orangutanes forman la misma familia Hominidae, todos
descendientes de una especie ancestral próxima. Forman una rama o clado
monofilético en el que se distinguen las subfamilias que integran los
orangutanes (Ponginae) y la que integran gorilas, chimpancés y humanos
(Homininae). Esta clasificación, en la que nuestra especie constituye una
unidad taxonómica conjuntamente con los simios africanos, destaca que los
integrantes de este grupo comparten un ancestro común más reciente que con
cualquiera de los restantes grupos de primates.
Cladograma basado en el análisis de
datos morfológicos y moleculares aportados por el grupo de Bailey, en 1991, y
por el de Shoshani, en 1996.
La superfamilia Hominoidea, incluye a los gibones, a los grandes simios
y a los humanos. Nótese que, en la actual clasificación, humanos, chimpancés,
gorilas y orangutanes forman una rama representada por la familia Hominidae, el cual incluye a las
subfamilias Ponginae (orangutanes) y Homininae (gorilas, chimpancés y humanos).
Esta clasificación, en la que nuestra especie constituye una unidad taxonómica
conjuntamente con los simios africanos, representa la existencia de un ancestro
común más reciente entre los integrantes de este grupo que entre cualquiera de
ellos y los restantes grupos de primates.
Las relaciones evolutivas existentes entre gorilas, chimpancés y humanos
constituyen un problema difícil de resolver, dado que el parecido a nivel
molecular es muy alto. Estudios recientes han permitido situar el momento de la
separación entre los linajes de humanos y chimpancés en 4,6 a 5,0 millones de
años y la divergencia entre el linaje de gorila y el de humanos-chimpancés 0,3
a 2,8 millones de años antes.
El primer fósil de Australopithecus ("antropomorfo del sur")
fue prácticamente ignorado por varios años. Numerosos descubrimientos fósiles
posteriores confirmaron la interpretación de que los australopitecinos
pertenecían al árbol genealógico humano. Un cúmulo de nueva información
permitió extender el horizonte de nuestros ancestros recientes para incluir a
los australopitecinos y a otras especies del género Homo que se fueron
describiendo posteriormente. Estos grupos constituyen lo que se denomina
homínidos.
Varias características distinguen a los australopitecinos del linaje
chimpancé-gorila y justifican su posición dentro del linaje de los homínidos:
los humanos nos diferenciamos de gorilas y chimpancés por el andar erecto y por
poseer un cerebro mayor que el de estos simios, en proporción con el tamaño
corporal. También nos diferenciamos por el patrón morfológico del primer premolar.
Los australopitecinos comparten con los humanos tanto el patrón bicúspide del
premolar como el andar erecto, aunque el tamaño de su cerebro es
aproximadamente similar al de los simios. Así, los australopitecinos son un
grupo de homínidos en el que algunos caracteres distintivos ya están bien
establecidos mientras que otros, como el tamaño del cerebro, retienen el estado ancestral. Estas evidencias
permitieron superar el difundido prejuicio que consideraba al desarrollo
cerebral como un requisito excluyente para la incorporación de un fósil a
nuestro linaje.
Los australopitecinos eran pequeños, tenían cráneos simiescos y
caminaban erectos. Las especies descriptas hasta el presente incluyen a A.
anamensis y A. afarensis, que constituyen el tronco ancestral, y dos linajes
divergentes: australopitecinos gráciles tales como A. africanus, y robustos,
tales como A. robustus,A. boisei y A. aethiopicus. Los australopitecinos
robustos han sido actualmente asignados al género Paranthropus.
Uno de los homínidos primitivos más
completos hallado hasta el momento, llamado Lucy por su descubridor, Donald Johanson.
Lucy, la "primera familia" (una notable colección de fósiles,
representada por trece individuos) y otros homínidos fósiles bien conocidos,
fueron descubiertos en el Triángulo de Afar, en Etiopía. Johanson sostiene que
representaban una especie distinta a los previamente conocidos y los
denominaron Australapithecus afarensis. Los fósiles atribuidos a la misma
especie fueron descubiertos por el grupo de Leakey en Laetoli a 1.600 km de
distancia, junto con un grupo de pisadas.
Comparación del cráneo y de la pelvis
de un chimpancé (izquierda) y de un miembro de la "primera familia"
(derecha).
Nótese que en la figura anterior los cráneos son semejantes, pero las
pelvis son totalmente diferentes, produciendo las diferencias en el andar. La
pelvis de la derecha se asemeja mucho más a la pelvis humana actual.
Conclusión: Los homínidos caminaban en posición completamente vertical antes de
que se produjera cualquier incremento significativo en el tamaño del cerebro.
Diferentes hipótesis filogenéticas que representan las
relaciones entre australopitecinos y el género Homo. Las especies robustas son
referidas como un género diferente: Paranthropus
La primera especie representante del género Homo es H. habilis, primer
constructor de herramientas, que aparece hace 2 millones de años.
Otra especie posterior es H. erectus, que vivió desde hace unos 1,6
millones de años hasta hace unos 300 mil años, o quizás 25.000 años. En esta
especie se advierte un aumento de la talla y especialmente, del tamaño del
cerebro, que alcanza en promedio 1.000 cm3, variando de 700 a 1.200 cm3 (valores que se superponen en parte con el
intervalo de volúmenes cerebrales de los humanos modernos). El hacha de mano es
la herramienta más representativa de este grupo. Algunos grupos, al menos
ocasionalmente, ocuparon cavernas y, en etapas posteriores, dominaron el fuego,
dos desarrollos que probablemente estén relacionados. Se ha sugerido que la
habilidad de utilizar el fuego puede haber sido la clave del éxito de esta especie, ya que les
habría permitido solucionar el problema de proveerse de calor en los climas más fríos de las
nuevas regiones colonizadas.
Homo erectus, Homo habilis y los humanos modernos, Homo sapiens
presentan premolares bicúspides, andar bípedo, postura erecta, cerebro grande y
capacidad para construir herramientas. Considerando características tales como
la talla y el tamaño del cerebro, por largo tiempo se ha propuesto a H. erectus
como especie ancestral de los humanos modernos. Sin embargo, en la actualidad
esta idea ha sido puesta en duda.
Una posible filogenia de los homínidos
(tomada de I. Tattersall, 1993).
El origen de los humanos anatómicamente modernos está en discusión. El modelo del candelabro sugiere que evolucionaron a partir de diferentes poblaciones locales de H. erectus, mientras que el modelo de Arca de Noé propone que H. sapiens se originó a partir de una única población. La mayor parte de las evidencias, que incluyen el análisis genético, sugieren que los humanos modernos evolucionaron a partir de una población africana que migró hace aproximadamente 100 mil años y que, a medida que se expandía, fue reemplazando a las poblaciones europeas y asiáticas del género Homo establecidas previamente.










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